¿Cómo nace Lorenzo di Pontti?

Hola! Soy Yesica Yarad, les quiero contar la historia de Lorenzo di Pontti.

Todo comenzó cuando estábamos pololeando con mi marido Jorge. Cuando ya llevábamos como 5 años y ya teníamos intenciones de casarnos, empezamos a pensar en hacer un negocio. Por mi lado, mis papás tenían un negocio de ropa para niños que se llamaba Tolín y los papás de Jorge, también confeccionaban ropa, faldas y blusas. Entonces siempre lo más lógico fue continuar por la línea de los negocios de nuestras familias.

Reunimos nuestros ahorros, formamos una sociedad simple, y partimos a comprar telas. Con eso, y con la ayuda de nuestras familias quienes nos prestaban sus instalaciones para poder trabajar comenzamos a hacer pijamas para niños.

¿Por qué pijamas? Por que no podíamos competir con los productos de Tolin pero al mismo tiempo queríamos aprovechas los mismos clientes. Entonces la decisión fue hacer otra linea que no trabajara Tolín, para niños.

Yo por mi lado, buscaba muestras y tendencias para diseñar, y Jorge, totalmente autodidacta, comenzaba a trabajar la tela. Hacía el molde, lo ponía sobre la tela y empezábamos. Cortábamos toda la tela y lo mandábamos a coser a talleres nacionales.

Asi nace nuestro primer producto.


Con Jorge, nos poníamos en una esquinita de la sala de venta de Tolín, y cuando entraba un cliente, primero le compraba a mi mamá quien los atendía y cuando terminaban les decía, "Mire ahí está mi hija con otra línea de ropa, mira que lindo vaya a comprarle" y así vendíamos nuestros productos.

Con esa plata, la agarrábamos e íbamos a comprar más tela. Si antes teníamos para comprar 100 metros, ahora teníamos para 200 metros, y así fuimos creciendo y creciendo.

Ya con algunos clientes fieles, y una buena venta de pijamas, algo no me hacía sentido de estar vendiendo pijamas para niños.  Ya habíamos aprendido a confeccionar, diseñar y vender pero necesitábamos pegarnos un salto más.


Cuando era jóven, tenía un cuerpo un tanto más curvilíneo, y siempre le critiqué mucho al mercado que no había ropa linda de mi talla. A pesar de amar la ropa y la moda, me era muy frustrante comprar ropa ya que si bien encontraba ropa grande, era horrible. Fue una revelación: Yo voy a hacer ropa linda para las gorditas como yo.

 

Ahi comenzamos a confeccionar blusas. Era un mercado que me hacía muchisimo más sentido.



Hasta ese punto ya teníamos un poco más de capital, una buena idea en nuestras cabezas y una marca. Compramos suficiente materia prima, y logramos confeccionar muestrarios. Tolín contaba con 12 vendedores, cada uno vendía en una región distinta del país. Se llevaron nuestros muestrario a su tour de ventas y comenzamos a recibir pedidos.

A la gente le gustaba el producto y cada vez nos compraban más. Creo que la clave estuvo en que nosotros entendíamos el cuerpo de la mujer chilena, por lo que la ropa calzaba bien. Siempre fue una marca pensada para señoras por lo que el tallaje era acorde a sus cuerpos. Hasta el día de hoy seguimos manteniendo ese tallaje.

Hacíamos blusas de la talla S a la 3XL, creando ropa bonita para cualquier tipo de cuerpo. Asi fuimos creciendo y creciendo. Alcanzamos a estar 4 o 5 años en esto hasta que uno de los vendedores, el  de la Región Metropolitana, nos logró meter a Dijón. Nuestro primer gran cliente.

Jorge despachaba, cortaba, hacia las muestrario y yo buscaba otras muestras y vendía. Crecíamos con rapidez, pero Tolín, también crecía al mismo ritmo. Entonces llegó un momento que entre nuestro crecimiento y el de ellos, ya no nos podían prestar sus instalaciones para seguir funcionando entonces para no perder a los clientes arrendamos un local.


Ahí empezamos con nuestra primera tienda propia, en la esquina de la calle Buenos Aires con Rio de Janeiro. Era un espacio chiquitito pero que nos permitía continuar con el negocio. Fuimos creciendo y creciendo, cuando sacábamos nuestra nueva línea, vendíamos como locos y así nos fuimos agrandando. Nuestro muestrario era cada vez más grande y variado.

Cada día vendíamos más que el anterior, teníamos ya un grupo de clientes fieles. Fueron buenos años. Trabajábamos para siempre cumplir con el cliente. En este proceso tuvimos a nuestros hijos. Jorge, Nicolás y Michelle quienes desde niños, jugaban corriendo entremedio de las telas. Siempre fueron parte de nuestro proyecto. 

Recuerdo trabajar cortando tela los fines de semana, y llevábamos a los niños por que no teníamos con quien dejarlos. Ellos jugaban y nos ayudaban. Tengo muchos buenos recuerdos con mis niños en nuestro proyecto de jóvenes.


Creo que hay 2 grandes saltos que ocurrieron después de eso. El primero, fue cuando por fin nos atrevimos y fuimos a buscar una oportunidad para venderle a Falabella ¡Nos compraron! No podíamos creerlo. De un minuto para otro, crecimos a más del doble en nivel de producción y ventas. Teníamos todo un corte funcionando con un gran equipo y trabajábamos con muchos talleres externos nacionales. Uno que cocía, otro que ponía los botones, otro que planchaba y así. Sin duda, un gran salto.

Y el segundo, fue cuando ya los volúmenes de venta eran super grandes, y había comenzado el boom de la producción en China. Los precios del mercado ya estaban por el piso y ya no nos daban los costos para tener un precio competitivo.

Después de mucho pensarlo y con mucho miedo a lo desconocido, tomamos la decisión con Jorge y los niños y nos lanzamos a producir en el gigante asiático. Sin duda, eso nos abrió muchas puertas.


Hoy en día, tengo dos de mis hijos trabajando acá y falta traerme al último que me queda fuera (pero no quiere). Jorge, el mayor y el primero que entró a trabajar con nosotros. Ingeniero, muy inteligente. Venía con una misión de profesionalizar los procesos de nuestra empresa.

Hoy es mi mano derecha, lanzó la página web de Lorenzo y administra la empresa mientras yo me dedico a vender. Lo que siempre hice mejor.

Mi hija, por otro lado, entró a hacerse cargo de marketing y la venta online, Además de ser la responsable de la expansión de nuestras tiendas propias. A la fecha ha abierto, junto a mi marido 2 tiendas, una en Estado, en el centro de Santiago y la otra en Apumanque, en Las Condes.

Es muy bonito ver como junto a mi familia seguimos haciendo crecer esta empresa. Ha sido una historia llena de perseverancia y lucha pero, sin duda, ha tenido sus frutos. Hoy, casi todos los integrantes de la familia (menos uno que ya va a llegar) somos responsables de mantener el espíritu y la marca viva por mucho tiempo más.

Veo a mis hijos trabajar con enorme profesionalismo y cariño por la marca. Y con Jorge, ya un poco más cansados, vamos delegando en ellos gran parte de la batuta. Eso al menos es lo que intentamos.

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